Lima: edificios que cuentan el paso de la historia

Actualmente Lima cuenta con aproximadamente 10 millones de habitantes (casi un tercio de la totalidad de la población nacional) producto de las olas migratorias de nuestro país. Pero la historia nos enseña que esto no ha sido de la noche a la mañana, terribles acontecimiento opacaron la vida de muchos peruanos desde los años setenta, ochenta e incluso noventa, lo cual generó grandes movilizaciones sociales, sin embargo parte de la población en las regiones puso los ojos sobre la capital desde los años treinta, aproximadamente, ya que se veían los resultados de un boom modernizador que caracterizó el famoso oncenio de Leguía.

Una de las manifestaciones de esta modernización fue el desarrollo arquitectónico de la ciudad, la cual empezó a crecer a inicios del siglo XX y no ha parado incluso en nuestros días. Pero hoy en día es difícil imaginar que los primero “rascacielos” peruanos eran estructuras que no pasaban de los 20 metros de altura.

La edificación pionera apareció en 1922 y fue la famosa Casa Wiese. Con 6 pisos y un hermoso estilo neoclásico, se convirtió en el edificio más alto de Lima. Pero la exclusividad duró poco, muy rápidamente otras edificaciones de características similares comenzaron a inaugurarse. Así apareció el edificio “Italia” (que era del Citibank), el fenecido Banco Internacional en jirón de la Unión, el Banco Italiano en la esquina de Lampa y Ucayali y los edificios Gildemeister y Minería, como vemos, todos ubicados por su puesto en el centro histórico de Lima.

Así es que durante la década del 30 siguieron las inauguraciones que cada vez iban superando a las otras. La primera institución pública en acogerse a esta nueva etapa de modernidad fue el Ministerio de Salud Pública que tuvo lugar en la avenida Salaverry y ya entrada la década del 40, se llevó a cabo la construcción del edificio residencial “Jorge Chávez” de siete pisos más terraza y estaba ubicado en plena avenida Wilson. Este tuvo la fama de ser el más alto, hasta que el título se trasladó a la avenida Tacna durante los años cincuenta, década en la que hubo un marcado y rápido crecimiento arquitectónico en esta materia.

Ya en 1956 se llevó a cabo una de las construcciones más emblemáticas de la Lima del siglo XX, el Ministerio de Educación. Con nada menos que 22 pisos, una torre central de acero y dos torres gemelas a ambos lados, esta colosal construcción se convirtió en el nuevo edificio más alto de Lima. Dado el auge económico que correspondió a este periodo de tiempo, durante la época se llevaron a cabo otras imponentes construcciones, como el Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins (antes Hospital del Empleado).

La lista de colosales edificaciones empieza a crecer repentinamente desde la mitad de siglo. Ya sean iniciativas privadas o públicas, estas se fueron emplazando por las avenidas más importantes de la Lima de entonces. De este modo las avenidas Tacna, Wilson y Colmena empezaron a convertirse en el blanco de los arquitectos, así como las más reconocidas plazas, tanto de uso comercial como residencial.

Pero si de arquitectura limeña hablamos, entonces es imposible dejar fuera de estas líneas a las míticas Torres de San Felipe, más conocidas como “La Resi”. Este complejo arquitectónico que hasta el día de hoy conserva su magia y fines de vivienda que se construyó en 1965, y se compone de 15 torres elevadas, entre 15 y 16 pisos, rodeada de áreas verdes y con una vista privilegiada de la ciudad.

Pareciera que existió y existe una relación directamente proporcional entre el pasar de los años y la complejidad que los arquitectos le ponen a sus obras. En los años setenta, el imponente Ministerio de Educación con sus 22 pisos perdió el título de edificio más grande de Lima para pasar a lucirlo la colosal torre del Centro Cívico, que lo tendría por más de 50 años. Esta tuvo diversos usos, desde temas de gestión pública hasta comercial pero poco a poco fue perdiendo su atractivo, adquiriendo además un uso bastante dramático y nefasto: Se convirtió en un lugar recurrente para los suicidas.

Dejando de lado el Centro de Lima, en la década de los setenta, las construcciones empezaron a expandirse, así el emblemático edificio de La Positiva se impuso en plena avenida Javier Prado. Si bien este no era tan colosal como los otros, si representaba un cambio en la línea arquitectónica de la zona. Por estos años, el movimiento también se vió en el exclusivo distrito de Miraflores. Así se construyó lo que hoy conocemos como el Hotel Casa Andina (Entre el cruce de La Paz con Diez Canseco) con 18 pisos y la novedad de lunas espejo negras, albergó grandes estrellas de talla internacional.

La década de los ochenta fue turbia en varios aspectos y, sin duda, la arquitectura limeña no fue la excepción. La consecución durante los años noventa y, de acuerdo al cambio en las políticas económicas, las construcciones empezaron a ser mucho más utilitarias, para servicios financieros, hoteleros y comerciales.

El cambio de siglo trajo consigo una moderna y nueva presentación de estilos arquitectónicos, que rompió con los cánones establecidos hasta la fecha, es así que en el año 2000 se inauguró la flamante Torre Interbank. Con apenas 20 pisos rápidamente se convirtió en emblema por su ubicación (Cruce de dos de las avenidas más importantes de Lima: Javier Prado y Paseo de la República) pero sobretodo por su diseño disruptivo. El Hotel Marriott hizo lo propio por Miraflores, imponiendo una edificación de nada menos que 25 pisos.

A la fecha, esto ha seguido cambiando. Grandes cadenas internacionales de hoteles y compañías trasnacionales van llegando a la capital peruana y se ubican en las zonas más exclusivas. Además, el boom inmobiliario ha legitimado la construcción de edificios por doquier. Esta situación ha traído a la memoria esta típica frase de la abuela de que todo en exceso es dañino, y vaya que lo es. Lo que en un momento fue una chispa de modernidad, desarrollo, color e innovación, hoy poco a poco nos va quitando no solo los espacios públicos y su uso, sino también va cambiando los estilos de vida, y no necesariamente para bien, pues este desarrollo de la arquitectura evidencia los procesos sociales que atravesó y atraviesa nuestra sociedad.

 

Fuente: La República

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